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Pese a los reconocidos beneficios en el uso de fertilizantes
orgánicos, el riesgo de contaminación de microorganismos patógenos,
obliga a su procesamiento y al cumplimiento de prácticas apropiadas de
manufactura. |
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Según la procedencia del material utilizado, se distinguen las
categorías de fertilizantes orgánicos
e inorgánicos. Se agregan a suelos y
plantas con el fin de complementar las cantidades necesarias de
nutrientes para el desarrollo de las mismas. Debido a que mejoran la
calidad del suelo, benefician a la planta en su mejor desarrollo y
calidad.
Pero también tienen riesgos asociados. En el caso de fertilizantes
orgánicos, los riesgos principales son biológicos. Son químicos en el
caso de fertilizantes inorgánicos. |

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No sólo por la dotación de nutrientes son beneficiosos los fertilizantes
orgánicos. También son útiles en el aprovechamiento de desechos, que de
otra manera ocasionarían trastornos a la salud pública. En efecto, su
obtención se deriva del aprovechamiento de desechos y restos de distinta
índole.
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El
estiércol de origen animal.
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Restos
vegetales provenientes de la recolección o cosecha.
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Residuos orgánicos de distinta índole y origen.
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Residuos de digestión humana, de uso muy restringido, y generalmente
prohibido.
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En relación con los riesgos por el uso de estiércol animal, éstos
se derivan por la presencia de microorganismos patógenos en los
intestinos de los animales. Entre otros, la salmonella, el
cryptosporidium, la escherichia coli, los enterococus.
Todos ellos afectan la salud humana.
El riesgo es mayor ante un tratamiento inadecuado del estiércol animal,
su uso persistente en estas condiciones, tasas altas de aplicación,
acidez del suelo, y el momento de la aplicación cercano a la cosecha.
Además, en su contacto con el agua, liberan sustancias que demandan
oxígeno, disminuyendo la calidad de la misma. |

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La recomendación principal para disminuir los riesgos citados, es la
transformación de los desechos orgánicos en abono. El proceso es
conducido por bacterias y hongos que al fermentar el material orgánico,
generan mucho calor, reduciendo o eliminando los riesgos biológicos.
Los organismos que provocan esta degradación y descomposición, demandan
de oxígeno y humedad. La aeración del proceso, garantiza su continuidad.
La tasa de humedad debe ser apropiada. Poca humedad hace lento el
proceso. Mucha humedad convierte las condiciones en anaeróbicas,
desfavorables a los organismos.
De otra parte, al generarse temperaturas elevadas, se mejora el
crecimiento de bacterias favorecidas por el calor, apropiadas para la
digestión de materia orgánica.
Sobre esta base, la clasificación de los procesos de
transformación en abono distingue a dos grupos: los
pasivos y los
activos. |
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Los tratamientos pasivos se
sustentan en las condiciones y procesos naturales de degradación. Estas
condiciones están relacionados con la temperatura, la humedad, y la
radiación ultravioleta, las cuales ayudan a la reducción de
microorganismos adversos.
De otra parte, debido a que no se remueven las pilas de abono, se
dificulta el proceso de aireación, y se hace más lento el proceso de
transformación. Justamente el uso de estos tratamientos, enfrenta el
problema del tiempo que es requerido para la reducción significativa de
microorganismos patógenos, lo cual también está relacionados con las
condiciones climáticas y de estación de cada lugar. |
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Los tratamientos activos buscan
acelerar el proceso de transformación, actuando sobre las variables
principales de aireación, temperatura y humedad.
Al removerse las pilas de material, se favorece la incorporación
adecuada de oxígeno. Se controla y mantienen los niveles apropiados de
humedad. Se controla también la temperatura haciendo los agregados de
material o uso de cobertura que le sean favorables.
Cuando el material deja de estar caliente, se considera que el proceso
ha terminado y se efectúa el análisis microbiano correspondiente, en
particular para ver la presencia de eschericia coli y
salmonella. |
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Existen otro grupo de riesgos relacionados con la localización
del tratamiento y del almacenamiento. Según corresponda, son útiles las
siguientes recomendaciones.
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Esta
localización debe ser distante de las zonas de producción y del
almacén de productos cosechados.
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Establecer barreras para reducir los riesgos de diseminación por
viento o cursos de agua. Considerar el uso de coberturas.
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Adoptar pisos de cemento, hoyos con arcilla u otro material que
impermeabilice las pilas y evita la contaminación de las aguas
subterráneas.
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Cobertura que impida los efectos de lluvias que puedan dispersar las
bacterias patógenas.
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Estar
aislado de posibles contaminantes, como otros desechos o presencia
de animales.
En
relación con el tratamiento, es recomendable hacerlo en las etapas
tempranas del desarrollo del cultivo, y no en las etapas cercanas a la
maduración y la cosecha. Mejor, si su aplicación es cerca a las raíces. |
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El estiércol no tratado no es
recomendable en el uso agrícola. Debe cuidarse su contacto con equipo y
maquinaria, y ser trabajado por personal adecuadamente entrenado.
En particular se enfatiza esta recomendación durante el periodo de
cultivo. De hacerse, considerar su aplicación antes de la siembra,
dejando transcurrir el mayor tiempo posible. La sobre vivencia de
microorganismos patógenos en el estiércol podría ser hasta de un año,
según se estima. |
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Los riesgos de contaminación en
razón del uso de fertilizantes orgánicos, se
incrementan según condiciones específicas del producto. Son
mayores en los siguientes casos, que tal razón demandan de mayores
cuidados.
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Productos a poca profundidad o en la superficie.
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Productos a una altura cercana a la tierra.
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Productos que se recogen del suelo al caer.
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Características específicas del producto.
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El levantamiento y mantenimiento de registros es una buena
práctica que ayuda a verificar si se han llevado adelante las
recomendaciones apropiadas. Datos como los relativos a la preparación
del abono.
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Identificación de la materia prima.
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Fecha
de inicio.
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Procedimientos de transformación (tratamientos, remoción,
temperaturas)
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Igualmente es conveniente registrar la información relativa al uso del
abono.
También es
necesario registrar los resultados de los análisis, cuando menos para
eschericia coli (menos de mil por g), y salmonella (menos de
3 por 4 g). Las unidades están referidas al Número Más
Probable). |
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