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El tema que aquí se trata se refiere a la información
que necesitan conocer los responsables de una empresa para tomar
decisiones que le ayuden a superar situaciones indeseables y alcanzar
las metas que se propongan. La información está referida a indicadores
que están asociados a la calificación de una situación determinada. Por
ejemplo, los indicadores de desempeño.
Lo que se pretende es generar un conocimiento
progresivo de la información, en similitud a la forma como aprende una
persona a evaluar y actuar sobre una situación que no conoce. Se sabe
que comienza a hacerlo desde una percepción sensorial (la sensación de
temperatura de un objeto, los rasgos de una persona, el sonido de una
alarma, el sabor de una fruta, el aroma de un licor). Esta apreciación
sensorial moviliza neuronas que al interior del organismo activa una red
neural que orienta a las personas a tomar decisiones.
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Para avanzar en este conocimiento, puede en primera
instancia y para varios casos, deducir las características a través de
síntomas que son consecuencia de un nivel determinado del indicador (la
descomposición de un alimento, o pérdida de peso de una persona, por
ejemplo). En segunda instancia, la precisión de la información avanza
con el uso de instrumentos o laboratorios que amplifican la capacidad
sensorial de la persona. A partir de ahí, la información puede
construirse con datos numéricos que se miden y registran.
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En consistencia con esta apreciación, el proceso que
aquí se propone es el siguiente.
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En un primer paso,
contar con la percepción, incluso si es cualitativa, de los indicadores
sobre los que se necesita información. Para ser valiosa, esa información
debe provenir de personal experto, conocedor del tipo de situación que
se estudia.
Sin embargo, no debe ser una apreciación arbitraria. Debe ser una
valoración lingüística inicialmente. Cualitativa, pero debe mostrarse en
forma en que pueda trasladarse a una versión cuantitativa. Sobre eso se
trata principalmente esta presentación.
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En segundo lugar,
seleccionando y organizando los datos, o midiéndolos con instrumentos,
que conduzcan a una cuantificación de la información que se necesita. La
cual es progresivamente mejorada utilizando el tratamiento estadístico
que sea necesario.
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Con ello nos referimos a la que proviene de una
persona con experiencia en el tema que se estudia. Es un conocimiento
que se adquiere por las situaciones vividas o su práctica continua. Ha
sentido o presenciado con alguna frecuencia la situación sobre la cual
se le pide opinión. Ello define al tipo de persona que debe ser
consultada.
Existe el método conocido llamado Delphi en el cual
se consulta a un grupo de expertos sobre la base de un cuestionario
previamente preparado. Se conservan las repuestas comunes y la consulta
se repite un número pre-establecido de veces buscando uniformidad en las
mismas.
El caso que aquí interesa reconoce que cuando menos
se cuenta con la disponibilidad de un experto confiable al cual se le
consulta una situación específica, y se le pide una respuesta, primero
cualitativa y después su traslado cuantitativo de la siguiente manera.
Avanzando de indicador en indicador, se propone
utilizar una apreciación A, B, C (alto, medio, bajo) (bueno, regular,
malo).
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Se conversa con el experto
sobre el hecho de que no hay demarcaciones precisas que delimiten cada
par contiguo de su valoración. Esto es, entre el límite de A y B, así
como el de B y C. Es el caso de la frontera entre lo dulce y salado, o
entre la estatura de una persona alta con otra mediana, o entre lo tibio
y lo caliente. Aceptando esta apreciación es que el gráfico de
valoración resulta como el de la figura. No en forma de rectángulos,
sino de trazos que suelen conocerse como de
Z
para C, de Λ para B, y de
S para A.
El paso a la cuantificación se
facilita si el rango de valor para el indicador se asume de
0
a 1.
Situación que puede aplicarse seguramente en la totalidad de los casos.
Ello conduce a la parte inferior del gráfico adjunto.
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Podemos considerar que los
valores claramente definidos serían los siguientes. Entre
0
y
0.25 para C.
0.5 para B. Y
0.75
a 1
para A. Por ello es que podemos nuevamente consultar con el experto,
¿qué
tan bajo en C? ¿Qué tan mediano? ¿Qué tan alto?
Obsérvese que finalmente no
interesan valoraciones como:
un C no tan
bajo, o
un A no tan alto.
Interesa pasar a valores como
0, 0.25,
0.5, 0.75 y
1.
Obsérvese que es una escala de
cinco puntos
del tipo denominado
escala Likert y
que cuenta con varias herramientas estadísticas para medir su
confiabilidad.
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Este es el objeto de la valoración inicial con
expertos, que como se indicó, es un punto de partida que se irá afinando
recogiendo datos o midiéndolos con instrumentación apropiada. Esto
último suele ser lo reclamado en el lenguaje comercial.
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